– ¿Qués estas haciendo? ¿Qué has hecho?

– He estado pensando.

– ¿Pensando? ¿Y nada más?

El gran enemigo de este mundo. La bestia a la que hay que matar: El pensamiento.

En estos tiempos de iluminación en el que florecen los cursos de meditación, de relajación, mindfuldness, de respiración consciente, de afirmaciones positivas y de crecimiento personal, todos para dejar de pensar. Lo que buscamos es dejar de pensar. Pero lo que realmente nos molesta, son los pensamientos obsesivos. Las ideas que se repiten una y otra vez en nuestra cabeza como un martillo percutor que nos quitan el sueño.

El pensamiento, la capacidad de pensar es algo que nos diferencia de los animales y que nos permite ir más allá. Es la capacidad de distinguir, diferenciar, de reflexionar sobre lo que ha pasado (externo) y de lo que nos pasa (interno) y así poder elaborar, crear rutas en nuestra conducta. Si dejamos de pensar, damos paso a la repetición, al caer una y otra vez en los mismos actos, en nuestras trampas. Pensar, no es perder el tiempo. Pensar puede ser entrar en contacto con nosotros mismos. Es un momento de reflexión y de retirada. De dialogo interno. De distancia con el mundo externo para poder entrar en el mundo interno.

Pero…. ¿qué hace que un pensamiento, o una idea, se convierta en algo repetitivo, perturbador, obsesivo?

Generalmente poner atención, única y exclusivamente en la mente y en sus procesos no hace más que focalizar la atención en un lugar, para evitar poder poner luz en otras partes de nuestro ser, generalmente, la emoción y el cuerpo.

Ser obsesivo: uno lo es para evitar entrar en contacto con su mundo emocional y en su conciencia corporal. Uno sabe lo que piensa, es más, está harto de lo que piensa, y no sabe lo que siente, o sólo tiene una vaga idea de lo que debería sentir en ese momento sin entrar en un contacto real con sus emociones. El mantener la atención en el pensamiento evita poder entrar en contacto con otras partes de nuestro ser. Nos mantenemos ocupados y preocupados, con el inconveniente de ser meros hamsters en su rueda de entretenimiento. Claro que si esta imagen la miramos de frente, lo que parece ser un entretenimiento, resulta ser una cárcel. Todo es cuestión de por donde se mire.

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